Actividades periciales / forenses
  La popularidad del Instituto de Sexología entre la población es debida ante todo a la actividad pericial de sus colaboradores. Los peritos se hacen muy conocidos mediante varios procesos judiciales clamorosos, por ejemplo, Hirschfeld por el "proceso del asesinato del alumno de Steglitz" y Kronfeld en el "proceso contra el asesino de mujeres Grossmann".

Hirschfeld, Kronfeld, Schapiro, Abraham, Wolf, Levy-Lenz y Götz redactan dictámenes periciales con varios objetivos: para travestidos, que así solicitan un certificado de travestido  1   2  o el cambio de su nombre  3   4  ; para reclutas que quieren ser eximidos por razón de su "disposición" sexual; para personas sin órganos sexuales claramente formados, que pueden con la ayuda de los dictámenes modificar su pertenencia sexual oficial; y dictámenes ordenados por los tribunales y ante todo por abogados sobre inculpados de distintos tipos de delincuencia. Ya durante el primer año del Instituto Hirschfeld declara que redactó con Kronfeld 96 dictámenes en causas penales importantes. Esta actividad rinde bastante economicamente, por ejemplo, el precio de 150 marcos por peritaje judicial no es inhabitual hacia 1924; en 1929 se cobran 50 marcos por un certificado de travestido.

Con mayor frecuencia los colaboradores del Instituto son consultados por los abogados en caso de delitos cometidos contra el art. 175 del código penal imperial. Usualmente consiguen una conmutación de la pena, Hirschfeld piensa que:

La suma total de años de cárcel y de penitenciaría que así hemos evitado al Estado y a los acusados no es desdeñable.

En este caso, como en otros, los peritos del Instituto alegan normalmente, según su comprensión de la sexualidad y basándose en el art. 51 del código penal imperial, irresponsabilidad del inculpado en el momento del acto. Según la concepción de Hirschfeld la "constitución sexual" general de un ser humano, así como cada acto sexual, tiene que ver esencialmente con la función del sistema glandular. Compara el efecto de las hormonas sexuales producidas por las glándulas al de las drogas, tal como opiáceos y narcóticos que debilitan la capacidad de resistencia, la voluntad y la reflexión.

Varios colegas, como Albert Moll, Siegfried Placzek y Friedrich Leppmann, critican violentamente las prácticas de Hirschfeld.


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